22/11/2008
LAS DOS ORILLAS
Méjico y Filipinas están separados por unos 19.800 km de océano Pacífico, vientos alisios en contra, monzones que soplan en direcciones opuestas según la época del año, tormentas tropicales y corrientes. Si además hacemos el recorrido en el siglo XVI, nos acecharán también el escorbuto, el hambre, las peleas pero, sobre todo, la falta de certezas.
Aun así, estamos de suerte. Magallanes y Elcano nos mostraron el camino de ida desde Castilla a América y de ahí a las Molucas, en el sudeste asiático, pero, ¿y la vuelta? Seguimos en racha. Andrés de Urdaneta, marinero, científico, español y olvidado, descubrió y practicó la última de las grandes rutas intercontinentales: el viaje más largo navegado por una ruta desconocida entre Cebú y Acapulco, uniendo las dos orillas del 39 Pacífico, en un trazado que permanecería 250 años vigente. Ahora, se celebra el quinto centenario de su nacimiento. Urdaneta, aunque olvidado, sabía volver. Zarpamos....

PRIMERO DE JUNIO DE 1565, CEBÚ, FILIPINAS. El mundo se hace pequeño. Colón, Vasco de Gama, Magallanes y Elcano trazan las grandes rutas intercontinentales, ampliando no sólo el conocimiento geográfico sino también el científico más puro: matemáticas, astronomía, climatología e incluso biología se están beneficiando de estas expediciones valientes y casi suicidas.
Sin embargo, queda una ruta especial e importante que arrastra el mito de la imposibilidad y de cinco expediciones previas fallidas. Se trata del viaje de vuelta o tornaviaje desde las islas del sudeste asiático hasta Méjico, colonia del Virreinato de Nueva España, atravesando el océano Pacífico. Esta ruta supone un paso imprescindible para el establecimiento de bases coloniales y de comercio con Asia Oriental, pues permitiría enlazar las codiciadas especias, fundamentales por sus propiedades como conservantes frente a las oxidaciones de los alimentos, con Castilla a través de América sin tener que rodear el mundo por Asia y África pasando por cabo de Buena Esperanza.Pero a parte de razones económicas, el tornaviaje está envuelto en la guerra por el control geográfico del mundo. El Tratado de Tordesillas ha dividido el mundo entre España y Portugal y, aunque a España no le ha tocado Filipinas, aún no hay presencia portuguesa en aquella parte del mundo. Llegar antes, y saber volver, se convierten en una prioridad para el rey castellano, Felipe II. Sin embargo, esta travesía presenta muchas dificultades si se hace en línea recta de oeste a este, pues va en contra de los vientos alisios y de ello dan fe las expediciones fallidas previas. Y es que en 1565, el dominio del viento era el único aliado, y probable enemigo, de la navegación a vela.
La nao San Pedro, bajo la dirección técnica de un fraile de 57 años, Andrés de Urdaneta, nombrado expresamente por Felipe II, deja atrás el puerto de Cebú. De su viaje a las Molucas, cuarenta años antes, el fraile se ha traído la certeza de la imposibilidad de navegar en línea recta en contra de los alisios. La solución que propone para el tornaviaje: trazar un gran rodeo por el norte del Pacífico desde Filipinas aprovechando el monzón de verano que sopla del sudoeste entre junio y agosto, antes de que comiencen las tormentas tropicales, para poder tomar la corriente del Kuro-shivo hasta California. De ahí hacia el sur, para culminar el viaje en Acapulco. Es decir, Andrés Urdaneta traza una nueva línea en el mar con la única ayuda de sus conocimientos matemáticos, astronómicos, geométricos y de su instinto.
Y es que Urdaneta es hombre de mar pero también, como buen científico, es hombre curioso. Aprovechó su estancia en las Molucas para aprender los dialectos locales. Hablaba fluidamente el malayo y varias lenguas locales más, y escribió documentos sobre temas tan diversos como la formación de tormentas tropicales, la reproducción de las tortugas marinas, descripción de peces y otros animales endémicos de Japón, la curación de fiebres tropicales.Pero, sobre todo, adquirió, del fracaso de los intentos de retornar a América y del trato con navegantes asiáticos, conocimientos sobre el clima del Pacífico, entendiendo la similitud del sistema de vientos de dicho océano con el Atlántico, es decir de este a oeste empujados por los alisios y los estacionales monzones. Estos últimos soplan en direcciones opuestas según la época del año por lo que, y en ello insitió Urdaneta en los preparativos, era necesario zarpar entre julio y agosto, que es cuando el monzón de verano sopla en dirección noreste. Todo esto ha sido calculado y previsto de manera que la nao es empujada por el monzón de verano haciendo frente a los alisios, ganándole así la primera batalla al viento.
Pero la guerra aún no ha terminado. Se necesitan más aliados para navegar en contra y es necesario aprovechar las corrientes, sobre todo si son constantes, para mejorar la velocidad. En palabras del marino mercante José Ramón de Miguel Bosh, miembro de Urdaneta500, organización que conmemora el quinto centenario del nacimiento del fraile, “para unos barcos que tienen una velocidad máxima de 4,5 nudos, tener una corriente de medio nudo a favor o en contra puede suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso del viaje”. La Kuro-shivo es una corriente oceánica que fluye de manera estable desde el este de las costas japonesas en dirección noreste a través del Pacífico.
Urdaneta ha calculado su situación geográfica y conoce su comportamiento, es decir, “ya posee el dominio de los mares y de los vientos”, según De Miguel. Así, a primeros de julio, la San Pedro entra en la corriente del Kuro-shivo que la acompañará durante todo el viaje. En el informe técnico que Urdaneta redactó para el rey, tres años antes, describe las corrientes del Pacífico, no sólo ésta, sino también la de Humboldt, que discurre desde el Polo Sur hacia el Ecuador pegada a la costa de Sudamérica, con lo que se adelanta en más de 250 años a la descripción que hizo de ella el propio Humboldt, que le dio nombre injustamente. De esta manera, el viento sigue perdiendo, la tripulación en calma, los cálculos, según lo previsto y el escorbuto, a raya. Las razones de esta rara falta de incidentes en alta mar se deben a que Urdaneta ha abordado todos los problemas de logística y cuidado cada detalle de la navegación. La despensa rebosa de frijoles, habas y guranacos, pues ha propuesto un alimentación novedosa basada en alimentos ricos en vitamina C para limitar los males del escorbuto, la avitaminosis que comienza a los 45 días de permanecer embarcados. También ha hecho recomendaciones sobre el tipo de tripulación y sueldos a recibir, pues no quiere aventureros sino marineros que tengan algún sitio al que volver. Incluso tomó la decisión de utilizar el puerto de Acapulco como terminal americana, “siguiendo unos criterios idénticos a los que se utilizarían hoy en día a la hora de proyectar un nuevo puerto”, como explica De Miguel.
Cuatro meses y unos 20.000 kilómetros después, con cálculos matemáticos de latitud y longitud perfectos, a una velocidad promedio de 2,95 nudos, muy notable para la época, y con tasas menores al 10% de mortandad por escorbuto, se avista tierra.
Desde el punto de vista náutico, se ha culminado la primera travesía planificada y documentada del océano pacifico de oeste a este y con un, y ahí radica su excepcionalidad, bajísimo número de incidentes.
El tornaviaje se convirtió en la ruta que siguieron hasta el siglo XIX los barcos que unían el Extremo Oriente y América, como el famoso galeón de Manila que transportaba porcelanas, marfil, especias y sedas de China para ser vendidas en los mercados europeos. Pero el descubrimiento trasciende la economía y la ciencia. Con Urdaneta comenzó la influencia europea y americana en el Pacífico, extendiéndose la cultura criolla y mestiza en Filipinas, y la de Asia en América, creándose incluso en Acapulco un barrio filipino, dada la importante migración que se produjo. Por supuesto, también dio pie al dominio español en Filipinas, siendo en la actualidad prácticamente el único país cristiano de todo el sudeste asiático. Y es que, en definitiva, el tornaviaje cambió un mundo para que empezara otro.
Las dos orillas se acercan. Hemos llegado. Bienvenidos a Acapulco.
> Revista electrónica del Instituto Español de Oceanografía (IEO) . Revista en pdf .
Texto: Eugenia Angulo. Fotos: Urdaneta 500.
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