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» » Alan Watts, la transformación de la vida

El hombre blanco se imagina a sí mismo como una persona práctica que quiere «obtener resultados». Es impaciente con la teoría y ante cualquier discusión que no se resuelva inmediatamente en aplicaciones concretas. De ahí el por qué el comportamiento de la Civilización Occidental podría describirse, en general, como «hacer mucho para nada». El verdadero significado de «teoría» no es especulación inútil sino "visión" y es correcta la afirmación que reza: «Donde no hay visión la gente perece».

Pero visión en este sentido no significa sueños e ideales para el futuro. Significa comprensión de la vida como es, de lo que somos y qué estamos haciendo. Sin tal compresión es totalmente ridículo hablar de ser prácticos y obtener resultados. Es como caminar apresuradamente en medio de la bruma: sólo se dan vueltas y más vueltas. No sabes dónde vas ni qué resultados pretendes.

Para las mentes que piensan de ese modo, lo que hasta ahora hemos discutido les parecerá demasiado teórico. Esas ideas están muy bien, pero ¿funcionan? En tal caso yo pregunto «¿Qué quieres decir con funcionar?» La habitual «prueba de funcionamiento» de una filosofía es si hace a la gente más feliz o mejor, si conduce a la paz, la cooperación y la prosperidad. Lo que implica un criterio insensato sin demasiada comprensión «teórica». ¿Qué entiendes por felicidad? ¿Para qué es mejor la gente sea «mejor»? ¿Respecto a qué cooperarás? ¿Qué harás en paz y prosperidad?

Las respuestas a tales preguntas dependen completamente de lo que somos y de lo que queremos ahora realmente. Si, por ejemplo, deseamos al mismo tiempo paz y aislamiento, fraternidad y seguridad para «mi yo», felicidad y permanencia, nuestras exigencias son contradictorias. Sus resultados, por más prácticos que seamos para obtenerlos, serán más contradictorios aún.

Por lo tanto, algo puede decirse acerca de la reconciliada visión de la vida que llega con la plena toma de consciencia, pues esto implica una transformación profunda de nuestra visión del mundo. La mejor descripción con palabras sería: esta transformación consiste en darse cuenta y sentir que el mundo es una unidad orgánica.

Comúnmente, «sabemos» esto como información, pero no lo sentimos verdaderamente. por cierto, la mayoría de la gente se siente separada de todo lo que les rodea.

Sin embargo, la realidad física es que mi cuerpo existe sólo en relación a este universo y de hecho estoy atado a él y dependo de él como una hoja respecto al árbol. Me siento separado debido a que estoy partido dentro de mi, porque trato de estar apartado de mis propios sentimientos y percepciones. Por tal razón, todo lo que siento y percibo parece ajeno a mi. Sólo al darme cuenta de la irrealidad de esta división es que el universo deja de resultarme algo ajeno.

Han habido muchas teorías acerca de la unidad del universo. Pero no lograron liberar a los seres humanos del aislamiento al que conducen el egoísmo, los conflictos el temor a la vida, todo esto debido a que hay una enorme diferencia entre una inferencia y un sentimiento. Puedes razonar que el universo es una unidad sin por ello sentir que esto es así. Puedes establecer la teoría de que tu cuerpo es un movimiento en un incesante proceso que involucra a todos los soles y todas las estrellas, y aún así continuar sintiéndote separado y solo. Esto es así porque el sentimiento no se corresponderá con la teoría hasta que hayas descubierto la unidad de la experiencia interior. Más allá de todas las teorías, sentirás que estás aislado de la vida en tanto estés dividido interiormente.

Dejarás de sentirte aislado cuando reconozcas, por ejemplo, que no tienes una percepción del cielo, sino que tú eres esa percepción. Tu percepción del cielo es el cielo no hay «tú» aparte de lo que percibes, sientes y sabes. Esta es la razón por la que los místicos y muchos poetas frecuentemente hacen referencia a su sensación de ser «uno con el Todo» o estar «unidos a Dios».

El sentimiento de unidad con el «Todo» no es, sin embargo, un nebuloso estado de la mente, una especie de trance, en el que toda forma y distinción quedan abolidas como si el ser humano y el universo se fundiesen en una luminosa bruma de pálido todo malva.

Así como proceso y forma, energía y materia, yo y la experiencia son nombres distintos para una misma cosa, igualmente sucede con uno y muchos, unidad y multiplicidad, identidad y diferencia: no son opuestos que se excluyen mutuamente; son cada uno de los otros, así como el cuerpo es sus diversos órganos. Descubrir que los muchos son lo uno y lo uno es los muchos, es darse cuenta que ambos son palabras y ruidos que representan aquello que simultáneamente es obvio a la percepción y al sentimiento, pero que es un enigma para la lógica y la descripción.

Un joven en búsqueda de la sabiduría espiritual decide someterse a la instrucción de un famoso hombre santo. El sabio lo admite como su sirviente y después de varios meses el joven se queja porque considera que hasta el momento no ha recibido instrucción alguna. «¿Qué quieres decir?», exclama el hombre santo. «¿No he comido mi arroz siempre que me lo has traído? cuando me has servido mi té ¿no te retribuyo el gesto? ¿Cuándo me he negado a darte instrucción?». «Me temo que no le comprendo», dijo el joven, totalmente confundido. «Cuando quieras ver dentro de algo», contestó el sabio, «hazlo directamente. Cuando comienzas a pensar sobre ello, lo pierdes totalmente».

Recogiendo crisantemos por la cerca del Este;
contemplando en silencio las colinas hacia el Sur;
las aves regresan en parejas
por el suave aire de montaña al atardecer.
En todas estas cosas hay un significado profundo,
pero cuando estamos por expresarlo,
repentinamente olvidamos las palabras.


El significado no es la contemplativa, crepuscular y quizá superficialmente idílica atmósfera descrita por los poetas chinos. Esto ya está expresado y el poeta no pretende «sacarle brillo a las azucenas». No pretende, como harían muchos poetas occidentales, tornarse filósofo y decir que él es «uno con» las flores, la cerca, las colinas y las aves. Esto sería, según su propio idioma oriental, como «pararse sobre una serpiente». Pues cuando has comprendido realmente que eres lo que ves y lo que sabes, no vas por la campiña pensando «soy todo esto». Simplemente hay «todo esto».

Sólo se puede intentar desarrollar una filosofía racional y descriptiva del universo, asumiendo que uno está totalmente separado del mismo. Pero si tú y tus pensamientos sois parte de este universo, no puedes estar fuera para describirlo. Esta es la razón por la que todo sistema teológico o filosófico en última instancia se derrumba. Para «conocer» la realidad no puedes permanecer fuera de ella y definirla; debes penetrar en ella, ser la realidad y sentirla.

La filosofía especulativa, así como la conocemos en Occidente, es casi enteramente un síntoma de la mente dividida, del hombre tratando de ubicarse fuera de sí mismo y de su experiencia con la intención de verbalizarla y definirla. Es un círculo vicioso, como todo aquello que la mente dividida intenta.

En tanto que la mente continúe separada, la vida será un perpetuo conflicto, tensión, frustración y desilusión. El sufrimiento se apila sobre el sufrimiento, el temor sobre el temor y el tedio sobre el tedio. Cuanto más lucha la mosca por liberarse de la miel, más atrapada está. Bajo la presión de tanta tensión y futilidad, no nos debe sorprender que los seres humanos tratemos de liberarnos mediante la violencia, el sensacionalismo y mediante la explotación de nuestros cuerpos, de nuestros apetitos, del mundo material y del prójimo.

Pero la mente no dividida está libre de tensión por tratar de estar siempre fuera de uno mismo y en cualquier parte que no sea aquí y ahora. Cada momento es vivido plenamente y se logra por lo tanto un sentimiento de realización y perfección.

Cuando comprendes que eres este momento y no otro, que aparte de éste no hay pasado ni futuro, tienes que relajarte y saborear plenamente lo que vives, ya sea placentero o penoso. Repentinamente se torna obvio el por qué del universo.


¿Cuánto hace que los planetas giran alrededor del sol? ¿Tratan de conseguir algo, avanzan cada vez más rápido con la intención de llegar? ¿Cuántas veces ha vuelto la primavera a la Tierra? ...

El sentido y el propósito de danzar es la danza. Al igual que la musica, alcanza su plenitud en cada instante de su curso. No interpretas una sonata "con la intención de" llegar al acorde final y si el sentido de las cosas fuesen los fines, los compositores no escribirían otra cosa que no fuesen finales.

Cuando cada momento es convertido en expectativa, se le está privando a la vida de la posibilidad de realización y se le teme a la muerte pues con ella termina toda esperanza; y si uno vive de esperanzas, la muerte es por cierto el fin. Pero para la mente indivisa la muerte es otro momento, completo como cada momento y no cederá su secreto a menos que la viva plenamente.

Nada es más creativo que la muerte, puesto que ella es el secreto íntegro de la vida. Esto implica que el pasado debe ser abandonado, que no puede evitarse lo desconocido, que el «yo» no puede continuar y que nada puede ser completamente asegurado. Cuando una persona sabe esto, vive por primera vez en su vida. Al contener tu respiración, la pierdes. Al soltarla, la encuentras.


Und so lang du das nicht hast,
Dieses: stirbund werde
Bist du nur ein trüber Gast
Auf der dunklen Erde.
«Mientras no sepas cómo morir
y volver nuevamente a la vida,
no serás más que un triste viajero
en esta tierra sombría».

Goethe, West-östlicher Divan

- Referencia | Cuadernos Ecofilosofías, 1984

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Editor del blog Pedro Donaire

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