En 1996, Lyle Brenner, Derek Koehler y Amos Tversky realizaron un
estudio con alumnos de la universidad estatal de San Jose y la de
Stanford. Los investigadores estaban interesados en cómo la gente
llega a conclusiones basadas en una información limitada. Anteriores
trabajos de Tversky, Daniel Kahneman y otros psicólogos, descubrieron
que la gente son "radicalmente insensibles a la cantidad y la
calidad de una información que dé lugar a impresiones e
intuiciones", por lo que los investigadores ya sabían que los humanos
no hacemos un trabajo particularmente bueno en cuanto a
sopesar los pros y los contras. Pero ¿Somos tan malos evaluando los
hechos? ¿hasta qué punto?
Para averiguarlo, Brenner y su equipo expusieron a los estudiantes a
unos escenarios legales. En uno de ellos, un sindicalista llamado Mr.
Thompson visita una droguería para una visita de rutina. El
gerente de la tienda le informa que de acuerdo con el contrato del
sindicato con la droguería, los sindicalistas no pueden hablar
con los empleados en el interior de la tienda. Después de una breve
deliberación, el director llama a la policía y el Sr. Thompson es
esposado por entrar sin autorización. Más tarde se retiran los
cargos, pero el señor Thompson demanda a la tienda por detención ilegal.
Todos los participantes recibieron esta información. Y oyeron los argumentos de los abogados de ambas partes, el abogado del
dirigente sindical enmarcó el arresto como un intento de intimidación,
mientras que el abogado de la tienda sostenía que la conversación que
tuvo lugar en la tienda era perjudicial. Otro grupo de participantes, un jurado simulado, escuchaba ambas partes.
La clave del experimento fue que los participantes eran
plenamente conscientes de la configuración, sabían que sólo escuchaban
un lado o la historia completa. Pero eso no impidió que los
sujetos que escucharon las evidencias de un solo lado se mostraran más
seguros y
parciales en sus juicios que los que vieron ambos lados. Es decir, aun
cuando la gente sabían todos los hechos subyacentes, llegaron a
conclusiones después de oir un solo lado de la historia.
La buena noticia es que Brenner, Koehler y Tversky, descubrieron que
bastó con llamar a los
participantes a considerar la historia de la
otra parte para reducir sus prejuicios —las instrucciones para
considerar
la información perdida fue una manipulación en un estudio posterior—,
aunque ciertamente no lo elimina. Su estudio nos muestra que las
personas no sólo están dispuestas a llegar a conclusiones después de
oir tan sólo un lado de la historia, sino que aún teniendo a su
disposición la información adicional que pueda sugerir una conclusión
diferente, continúan sorprendentemente la tendencia a hacerlo. Los
científicos concluyen con una nota un tanto pesimista: "La gente no
compensa lo suficiente la falta de información, incluso cuando es
dolorosamente obvio que la información disponible está incompleta".
En el estudio de Brenner, los participantes trataban con un universo
limitado de información (los hechos del caso y los argumentos de
ambas partes). Aunque, en realidad, sobre todo en la era de Internet,
la
gente tiene acceso a una cantidad ilimitada de información que podría
considerar. Como resultado de ello, nos basamos en criterios
generales, o heurísticos, para tomar la información y tomar decisiones.
Estos atajos mentales son necesarios porque disminuyen la carga
cognitiva y nos ayudan a organizar el mundo, de otra forma nos veríamos
desbordados
si fuéramos verdaderamente racionales.
Esta es una de las razones por las que amamos la
narrativa, porque resume la información importante de una forma familiar y fácilmente digerible. Es mucho más fácil entender los
acontecimientos del mundo como ejemplos del bien contra el mal, o
cualquiera de los siete tipos de historias.
Como señala Daniel
Kahneman, "construimos la mejor historia posible con la información
disponible..., y si es una buena historia, nos la creemos." Lo que
sigue aquí es cuán buena es la historia, no necesariamente su
exactitud, eso es importante.
Sin embargo, las narraciones son también irracionales, ya que sacrifican
la historia completa de uno de los lados ajustándola a
nuestra visión del mundo. Confiar en ellas, a menudo conduce a
inexactitudes y estereotipos. Esto es lo que resaltan los participantes del
estudio de Brenner, las personas que siguen las
narraciones a menudo están ciegos a toda la historia, y rara vez nos
preguntamos, "¿qué más debo saber para hacerme de una opinión
más informada y completa?"
En los últimos años podemos ver muchos libros de psicología popular que
tocan esta línea de investigación. Está "Sway" de Ori y Rom Brafman, "Predictably Irrational" de Dan
Ariely y, por supuesto, "Thinking, Fast and Slow"
de
Daniel Kahneman. Si se pudiera resumir la literatura
popular sobre los sesgos cognitivos y nuestras irracionalidades, sería
algo parecido a esto: Sólo requierimos una pequeña cantidad de
información, muchas veces tan sólo factoide (algo falso con apariencia real),
para formarnos conclusiones confiables y generar nuevas narrativas que
sigan un nuevo y aparente objetivo, aunque casi enteramente subjetivo e
impreciso.
Las defectos de nuestra racionalidad han sido ampliamente expuestas
al público no especializado. Pero existe una peculiar contradicción
acerca de
esta tendencia. La gente parece absorber estos libros sin sentido
crítico, irónicamente caen presa de algunos de los mismos sesgos
propios que deberían vigilar: la información incompleta y las historias
seductoras. Esto es, cuando la gente aprende acerca de la forma en que
irracionalmente siguen las conclusiones, ellos se forman nuevas
opiniones sobre cómo
funciona el cerebro de la poca información que han adquirido
recientemente. Llegan a conclusiones acerca de cómo el cerebro llega a
las conclusiones, y ajustan sus nuevos conocimientos dentro de una
historia más
amplia que romántica e ingénuamente describe su iluminación personal.
Tyler Cowen hizo una observación similar en una conferencia en TED hace unos meses. Lo explicó de esta manera:
» Ahí está el libro Nudge, el de Sway, el de
Blink ... todos son formas en las que enredarse. Y hay muchas
maneras, pero lo que me parece interesante es que ninguno de estos
libros identifica lo que, para mí, es el forma más
importante de enredarse, y es que, nos contamos demasiadas historias, o
somos demasiado fácilmente seducidos por ellas. ¿Y por qué estos libros
no nos dicen esto? Porque los propios libros tratan sobre las
historias. Cuantos más libros de estos leas, más
aprendes acerca de algunos de tus prejuicios, pero terminas creando
otros sesgos aún peores. Así pues, los mismos libros
son parte de tu sesgo cognitivo.
El quid del problema, como señala Cowen, es que resulta casi imposible
entender las irracionalidades sin sacar provecho de ello, y
paradójicamente, nos basamos en relatos para entender por qué puede
ser perjudicial.
Para estar seguro, hay una diferencia importante entre el sesgo que
proviene de oír un solo lado de un argumento y [la mayoría de] los
relatos. Una
corrección tal, como la de "considerar al otro lado", es poco probable
que
funcione con los relatos, ya que no siempre está claro qué es lo
opuesto. Sería útil, evitar llegar a conclusiones no
sólo por que los relatos sean cuestionables (después de todo, casi todo
es posible en una narración, y evitarlos así puede ser bastante
abrumador), sino exponerse a una multiplicidad de relatos y probar a
integrarlos, tanto como uno pueda.
Al comienzo del libro, recientemente publicado, The Righteous Mind, el
psicólogo social, Jonathan Haidt, explica cómo algunos libros (los suyos
incluidos) justifican cómo una cosa determinada (en el caso de Haidt,
la moral) es la clave de todo conocimiento. Haidt apunta que uno no
debería leer su libro y llegar a conclusiones generales sobre la
naturaleza humana. En cambio, anima a los lectores a pensar siempre en
la integración de otros puntos de vista (p. ej., la moral es la
cosa más importante a considerar) con otras perspectivas. Creo que esta
es una buena estrategia para la superar una mentalidad estrecha de
miras sobre la cognición humana.
Es natural que reduzcamos la complejidad de nuestra
racionalidad a convenientes ideas de poco tamaño. Como el epistemólogo
Nassim Taleb dice: "Nosotros, los
humanos, enfrantados a los límites del conocimiento y de las cosas que
no observamos,
entre lo oculto y lo desconocido, y resolvemos la tensión ajustando la
vida y
el mundo en ideas claras y acomodaticias". Pero los lectores de libros
de psicología popular sobre la racionalidad, deben reconocer que
hay un montón de cosas que no saben, y tener cuidado ante la seducción
de las
historias. La literatura popular es
esclarecedora en sesgos cognitivos, pero solapamos una irracionalidad
acerca de otra
irracionalidad, la exposición a X no es el conocimiento y el control
de X. Leer acerca de los sesgos cognitivos, después de todo, no deja a
nadie libre de sus propias y desagradables trampas epistemológicas.
En el futuro, mi sugerencia es recordar la lección de Brenner, Koehler
y Tversky: retardar la llegada a la conclusión para conseguir que la gente
considere la información a su disposición. Nos queda recordar
que el próximo libro la racionalidad no nos cuente todo, que sea
simplemente una pieza más del rompecabezas. Este mismo enfoque también
podría ayudar a corregir el problema de estar demasiado influenciados
por las narraciones, una historia siempre tiene múltiples ángulos.
En definitiva, necesitamos hacer lo que mejor hacen los filósofos.
Escuchar y leer con cuidado, de forma lógica, analizando los
argumentos, tratar
de evitar llegar a conclusiones precipitadas y no confiar demasiado en
las historias. El dramaturgo griego, Eurípides, llevaba razón:
"Cuestionar todo, aprender algo, responder nada.
- Referencia: ScientificAmerican.com, 27 de abril 2012, por Samuel McNerney
- El autor: Sam McNerney es licenciado en
Filosofía, le apasiona
las ciencias cognitivas. Ahora, como periodista, escribe acerca de filosofía, psicología y neurociencia. Tiene una columna en el CreativityPost.com y un blog
en BigThink.com llamado "Moments of Genius".
sábado, 28 de abril de 2012
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Muy bueno!!!, quieren psicópatas, no gente espiritual, es más , yo conozco a alguno que vá de salvador de la humanidad, a poco que te pongas a investigarlo, descubres cosas interesantes, como que no es periodista, que está patrocinado por el PP, y pertenece al Opus Dei, y lo más curioso de todo, pertenece a la Iglesia Satánica, sólo un tio así, te puede banear por poner en tu perfil una canción de amor, lástima por sus seguidores, pues sólo los manipula para que le compren libros. UN SALUDO, UN PLACER!
ResponderEliminarPues sí, en bastantes casos así es, aprovechándose de la inocencia de la gente.
ResponderEliminarAunque el objetivo del artículo es que el saber todos los sesgos de un tema no te exime de caer en ellos o crear nuevos sesgos inconscientes. Podemos ponerle un corolario: Hay que ser un poco más humilde en la conducta personal, y desconfiar de aquellas personas que van de sabios y que te quieren descubrir el universo, a cambio provechosas inversiones, claro.
ajustan sus nuevos conocimientos dentro de una historia más amplia que romántica e ingénuamente describe su iluminación personal
ResponderEliminarMe quedo con esa frase. No hay peor ignorancia que pensar que tenemos conocimiento verdadero. En mi entorno, es triste cuando una persona adapta conocimientos TÉCNICOS a su ignorancia, tergiversan todo sólo porque de esa forma le es más fácil asimilarlo.
Supongo que escapar de la ignorancia no les lleva a abrazar la verdad. Hay una clara tendencia a poseer información pero no dudar de ella. A veces no se entiende que lo bueno de la ciencia es precisamente que el dudar de todo es lo que precisamente genera más conocimiento, al menos como lo veo.
Los saltos de fe en la adquisición de conocimiento los veo ridículos, y sin embargo son el común de como la gente adquiere el conocimiento que le sirve para tomar decisiones.
De acuerdo con tu idea de ignorancia disfrazada de especialidad técnica. Pero precisamente leyendo tu comentario, me asalta otra idea, en este caso es un factor educacional.
ResponderEliminarEsa forma de enseñar el conocimiento, como algo aislado, sin encajarlo relacionalmente en un marco que permita asimilarlo, puede tener su parte de culpa. Este modelo se repite desde la primaria hasta la superespecialización universitaria.
Creo que la visión acrítica, sin contraste, que puede verse en mucha gente, y es parte de que tu señalas, se corresponde con esta forma de ver el conocimiento como si de anécdotas aisladas se tratara, sin conexión con la vida real del individuo.